.
Museo Jacobo Urso

Club Atlético San Lorenzo de Almagro

Ubicación:  Acceso a Platea  Norte del estadio Pedro Bidegain
SITIO OFICIAL - 14 Años junto al Ciclón

.

 

# NOTICIERO SANTO

 

 
Tanto cabezazo para tan poco centro
 

A continuación te iremos mostrando la obra VEINTE RELATOS CUERVOS, alegrías y tristezas de vivir una pasión, del escritor Sebastián Giménez. Ahora te mostramos el DÉCIMO RELATO...

 
Por Alberto Barja
abarja@ciudad.com.ar

@MuseoSanLorenzo

Publicado el 08-01-2019

 
 

INGRESA Y HACE EL PEDIDO

 

 

 

Con mi viejo Rafa, tomamos un taxi en avenida La Plata, que nos dejó en el Nuevo Gasómetro cuatro horas antes del partido. La cola de ingreso a la tribuna era tan grande sobre Perito Moreno que llegaba a la intersección con Varela. Tan larga era la fila como la espera por un título después de 21 años. Paciencia de hierro la del viejo ese día, que se había hecho de San Lorenzo por el hijo. Cuatro horas antes del partido, sin encuentro de Reserva, en la fila eterna hacia la cancha. Recibíamos a Boca. Tanto antes fuimos, pero al entrar a la cancha sólo pudimos subir un puñado de escalones en la popular tan colmada de gente.

Ya nos habíamos acostumbrado al temblor del cemento del Nuevo Gasómetro, que se había inaugurado dos años antes. El cemento vibraba como en una suave oscilación, casi como si fuera una colchoneta inflable.

-Es el juego de la estructura, me había dicho un hincha al lado mío, que no tenía pinta ni de ingeniero ni de arquitecto. La cancha se sacudía y uno casi que temía una explosión que en cualquier momento indicara que la estructura había cedido, que se desmoronaba.

Sobre todo cuando todos entonábamos el "Hay que saltar / hay que saltar / que el que no salta / es de Huracán". O "El que no salta es un bostero", de esa tarde noche. Pero a uno ya no le importaba nada, que si había que quedar bajo escombros hubiéramos saltado igual con el viejo ese día.

Fecha 16 del Clausura 95. Partido bisagra, con Boca en el Nuevo Gasómetro. Que venía arrimando, buscando la última posibilidad que le quedaba de prenderse en la pelea. Que nos quería bajar de la punta. "Que este año, se van de caravana / con Tinelli a la concha de su hermana", cantaban los bosteros en alusión a la anunciada caravana a Luján en caso de darse el título. Y los cuervos le respondíamos:

"Podrán pasar mil años y no salir campeón / prefiero ser un cuervo y no amargo como vos". O que San Lorenzo es un sentimiento, que no se explica, se lleva bien adentro. Y que hijos nuestros morirán, claro. Partido tenso, peleado. De ida y vuelta, con no tanta claridad de ninguno de los dos equipos. Pasaron tantos años de ese partido. Recuerdo tres jugadas. El tiempo pasaba y seguía cero a cero. Y nos alcanzaba Gimnasia. Así terminó el primer tiempo, y uno tenía la sensación de que el equipo no había hecho todo, que tenía que quebrar esa paridad que nos complicaba el campeonato, que eran dos puntos seguros, refrendados por la historia.

Segundo tiempo. Y el tiempo seguía pasando, partido muy disputado y con aproximaciones muy poco claras. Y lo cerca que lo teníamos ahí a Navarro Montoya, que podía escuchar todas las puteadas, vestido de payaso como siempre. Y quedaban quince minutos para terminar.

Tiro libre para San Lorenzo, cerca del área. Habíamos tirado dos millones de centros sin ningún resultado. ¿Qué hacía uno más? Los diarios del lunes dijeron que Paulo Silas tiró un centro magistral, pero los periodistas, como descubrimos cada vez más a menudo, a veces mentían y siguen mintiendo. ¿Era un centro bueno una pelota que le llegó a Biaggio a un metro del piso? Y peor, de espaldas al arco y sobre el borde del área grande poblada de jugadores. Fue un centro de mierda y hay que decirlo en obsequio a la verdad histórica. De esos centros que eran para que cabecearan las serpientes, las cucarachas. Si el Pampa se hubiera quedado inmóvil, le hubiera dado en la entrepierna y lo perdíamos para el resto del partido, por más que hiciera las consabidas flexiones. Pero Biaggio se movió, por suerte. Imaginemos la escena. El tipo se tiró de cabeza a buscar el centro para las cucarachas, de espaldas al arco. Se tiró que parecía un defensor de Boca y si le hubiera rebotado en la frente se venía un contraataque de la gran siete. Pero el tipo giró el cuello.

Lo giró 360º, viejo. Si yo hubiera hecho lo mismo, salía de la cancha en silla de ruedas. Pero el hombre lo pudo girar, y en esos momentos ya no importaba si se desnucaba, que eran 21 años viejo en la mochila, que tenías que dejar todo. Impactó de cabeza el Pampa y la pelota entró arriba, en el primer palo, inatajable para Navarro Montoya. El estadio explotó. Nos caímos a la mierda con el viejo y terminamos más abajo todavía, casi al ras de la tierra del terreno de juego. Y venían los ataques de Boca, que los veíamos allá lejos y no sabíamos desde nuestra visión horizontal quién llegaba primero, si el atacante de ellos o el defensor nuestro.

Y entonces, en una de esas jugadas, de esos ataques, le quedó a Walter Pico en el área y me quise morir porque el tipo le pegó bien, fuerte, rasante, abajo, a la ratonera. Y el Flaco Passet medía casi dos metros. Vi el gol anunciado y al Flaco poniéndose horizontal. Y la sacó con la garra derecha, como arañándola, desviándola con lo justo, con lo último. Que todos recuerdan la atajada de Banks a Pelé, pero para mí la atajada por mucho tiempo fue la de Passet a Pico. Atajada que valía un triunfo, un campeonato. La vi a ras de la tierra y la supe imposible.

La tercera jugada, por supuesto, fue de contraataque, fiel al manual del Bambino. Contraataque ofensivo, decía él cuando lo indagaban sobre el estilo de juego de ese San Lorenzo. Se la llevó el Perro Arbarello, que la hizo rebotar como en los picados contra la pared de los centrales de Boca, y el tipo por más que fuera derecho, le pegó de zurda y la pelota entró en el ángulo superior derecho de Navarro Montoya. Golazo, partido liquidado. Segunda explosión. El Bambino lo festejó a la carrera como un hincha más. Con el viejo nos quedamos sin voz y sin piernas.

Siete horas parados, al borde del precipicio emocional siempre. Nos fuimos contentos con esa multitud cuerva inundando de cantos la Avenida Cruz, rumbo a Avenida La Plata.

por Sebastián Giménez

 

 

 
 


Paulo Silas
.

 
 


Claudio Darío Biaggio

.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 




INGRESAR


.

  Usuarios Online:  

Hosted by Adapsis.com.ar